La lucha de la democracia

Jueves, 20 de Abril, 2017 - 00h00
20 Abr 2017

La democracia se está debilitando en el mundo. En Europa se la está destruyendo indudablemente en Rusia, Hungría, Turquía y Polonia, así como en varios países africanos y asiáticos. El nuevo gobierno de Trump hace que Estados Unidos esté en la mira. En América Latina ya conocemos al grupo de países, liderados por Cuba y Venezuela, donde la democracia sufre cada día más y Ecuador es, tristemente, uno de ellos.

Los golpes a la democracia son muchos: coartan las libertades civiles, silencian las voces críticas, suprimen las instituciones independientes, disminuyen el nivel de transparencia de los procesos electorales, restan el pluralismo político, limitan la libertad de expresión, aprueban leyes por decreto sin debate ni aprobación popular, malversan fondos públicos y presionan –y hasta controlan– a la función judicial y legislativa. Situaciones conocidas y cercanas, ¿no le parece?

Lo cierto es que todos estos hechos denotan un desgaste a la democracia y un posible retorno de regímenes tiránicos al mundo. El último informe de Freedom House sobre derechos políticos y libertades civiles determinó que van 11 años consecutivos de retroceso de las libertades y creo que la sociedad civil es parte importante en lo que ocurre.

La situación es complicada porque tales aspirantes a dictadores gozan (o gozaron y ya son dictadores disfrazados de presidentes) de apoyo popular para lo que están haciendo. No destruyen de la noche a la mañana el sistema democrático, sino que paulatinamente van dándole forma a un nuevo sistema opuesto a los valores y principios que defiende la democracia, bajo un corrompido discurso proteccionista y nacionalista. La hostilidad con los grupos políticos del pasado es también común.

Más extraño podría ser que, en la mayoría de países en los que la democracia está dejando de existir, se sigue convocando a elecciones populares. Ellos afirman que son democráticos porque hay elecciones. No obstante, considero que esto no es suficiente, peor aún cuando han establecido una nueva fórmula: cambian las leyes y el sistema electoral a su favor y utilizan recursos y medios del Estado para tener presencia en las calles. Es decir, en el siglo XXI el hecho de que haya elecciones no garantiza la democracia. Sin separación real de poderes y respeto al Estado de derecho, no puede haberla.

La historiadora Anne Applebaum se ha referido a esta aparente nueva forma de gobernar, específicamente sobre Polonia y Hungría, en el sentido de que “no encaja con lo que entendemos como democracia liberal, pero tampoco puede decirse que sea una dictadura, aunque puede ciertamente acabar ahí, como ha pasado en Turquía o Rusia”.

Entonces me pregunto ¿cómo se lucha por la democracia? ¿cómo debe defendérsela? Encontrar la manera de resistir la imposición de una dictadura cuando afirma establecerse con el consentimiento popular y al amparo de la ley, es difícil. Por ello, creo que nunca se debe olvidar que un sistema democrático puro debe asegurar la libertad y la separación de poderes, proteger a las minorías, permitir una oposición política fuerte, defender a la prensa libre y permitir una participación activa y sin restricciones de la sociedad civil. (O)

La lucha de la democracia
La democracia se está debilitando en el mundo. En Europa se la está destruyendo indudablemente en Rusia, Hungría, Turquía y Polonia, así como en varios países africanos y asiáticos.
2017-04-20T00:00:09-05:00
El Universo

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